La conspiración de los fuleros1. Conspiración, año ceroEsto es una conspiración. Irrefutablemente. Reunidos en lugares imprevistos. Hablando de cuestiones anacrónicas. Filtrados subrepticios en un mundo tecnológico. Cofrades que hasta hace poco eran estrictos desconocidos. Decididos a saber. Tal vez malamente, como se hacen a veces las cosas al sur del mundo, pero francamente decididos. Hombres de palabra... leída, y a veces, escrita. Pero sobre todo compartida.Antología• 4 minutos de lectura
Alejandro López2. Cabo sueltoLo recuerdo bien, todo se resume a ese momento. El asesinato de Florencia Navarro le dio forma a mi vida, me definió, me dio un sentido, un propósito. No lo sabía entonces pero ahora veo claramente como encajan las piezas, todo me preparó para éste día, todo me trajo hasta acá. Ya no hay vuelta atrás. El reloj dice que me quedan diez minutos y la moza no me trajo el café. Tendrá que apurarse.Antología• 17 minutos de lectura
Jorge Lacuadra3. Contratiempos domésticos—¡No me hable del horror, señor Periodista! Esta puerta de pesada madera que nos separa y nuestras voces que cruzan el pequeño enrejado de hierro a la altura de la vista, es suficiente, me hacen sentir seguro. ¿Qué sabe usted del horror? ¿Acaso cree que el griterío del mundo allá afuera lo protege de la locura y de la paranoia? El miedo es el indigno fragmento de soledad en el penúltimo segundo de la lucidez. Es la idea de algo insospechado golpeándote el pecho rítmicamente y destellando en nuestras pupilas enrojecidas, a veces es el minuto incierto en que sorprendemos al insomnio, con los ojos abiertos, los dientes al desnudo, mirándonos de lado. ¡El horror! ¡El espanto! La sangre saltando nerviosa en sus verdosas tuberías y nuestros cabellos erizándose en respuesta al grito inesperado de una sola sombra. ¡No me hable del horror señor Periodista! Yo sé que pulgares terribles se deslizan por mi cuello en las mañanas y en un rincón de mi cuarto callan formas de espanto.Antología• 7 minutos de lectura
Miguel Caballero Miño4. JálogüinJulieta y Nacho siempre fueron dos optimistas patológicos. Novios desde cuarto año del Nacional, siguen pasándose la vida emprendiendo negocios que generalmente terminan mal. Pero jamás se dan por vencidos. Viven juntos, sostienen el pretexto pueril de que no hacen falta papeles para el amor, y obviamente suelen tener el resto de su vida tapizada de papeles legales, fundamentalmente deudas. Así y todo, son felices.Antología• 15 minutos de lectura
Gerardo Martín Noseda5. MatinéAunque en julio era habitual que el termómetro marcara más de treinta y cinco grados, ese verano de 1937 estaba siendo particularmente severo. La región de los Grandes Lagos sufría una ola de calor sin precedentes. La gente vagaba atontada buscando la sombra de los galpones y edificios "parisinos" de Detroit, transpirando horrores y boqueando como peces recién capturados. Los únicos que encontraban algo de consuelo eran aquellos que habitaban en las afueras, en las proximidades del St Clair, lejos de los mares de cemento y de las torres de ladrillo. Justo donde dos niños de unos once años pasaban la tarde explorando los alrededores, indiferentes a las remeras pegoteadas, a los golpes de calor y al resoplar quejoso de los adultos.Antología• 13 minutos de lectura
Jorge Roldán6. StrigaEl grito desgarró la noche como si fuera un puñal e hizo saltar a Milagros de la cama. Con el corazón martillándole el pecho corrió hacia la pieza de su hermana y abrió la puerta justo antes que el alarido se silenciara. El gato aprovechó ese momento para huir despavorido. Florencia miró a su hermana mayor pero ya la mirada no era la suya. Exhaló una palabra que no hubiera tenido sentido para otra persona: "Striga", dijo, y enseguida se le pusieron los ojos en blanco y se desmayó en brazos de Milagros.Antología• 13 minutos de lectura