El grito desgarró la noche como si fuera un puñal e hizo saltar a Milagros de la cama. Con el corazón martillándole el pecho corrió hacia la pieza de su hermana y abrió la puerta justo antes que el alarido se silenciara. El gato aprovechó ese momento para huir despavorido. Florencia miró a su hermana mayor pero ya la mirada no era la suya. Exhaló una palabra que no hubiera tenido sentido para otra persona: "Striga", dijo, y enseguida se le pusieron los ojos en blanco y se desmayó en brazos de Milagros.