Saki1. Los grandes logros del gatoEl animal a quien los egipcios adoraban como a un dios, al que los romanos veneraban como símbolo de la libertad y que fue anatemizado por los europeos de la ignorante Edad Media, quienes lo tenían por un ser demoníaco, ha demostrado a lo largo de todas las épocas dos rasgos de carácter íntimamente mezclados: valor y dignidad. Y aun en las circunstancias menos propicias, el gato siempre se ha distinguido por ambas características. 2 minutos de lectura
Wisława Szymborska2. Un gato en un piso vacíoMorir, eso no se le hace a un gato. Porque qué puede hacer un gato en un piso vacío. Trepar por las paredes. Restregarse entre los muebles. Parece que nada ha cambiado y, sin embargo, ha cambiado. Que nada se ha movido, pero está descolocado. Y por la noche la lámpara ya no se enciende. 2 minutos de lectura YouTube
Jorge Luis Borges3. BeppoEl gato blanco y célibe se mira en la lúcida luna del espejo y no puede saber que esa blancura y esos ojos de oro que no ha visto nunca en la casa, son su propia imagen. ¿Quién le dirá que el otro que lo observa es apenas un sueño del espejo? Me digo que esos gatos armoniosos, el de cristal y el de caliente sangre, son simulacros que concede al tiempo un arquetipo eterno. Así lo afirma, sombra también, Plotino en las Ennéadas. ¿De qué Adán anterior al paraíso, de qué divinidad indescifrable somos los hombres un espejo roto? 1 minutos de lectura
Colette4. AmoresEl petirrojo ganó la partida. Luego se fue a cantar victoria con escueto piar, invisible en lo más frondoso del castaño. No se había amilanado ante la gata. Se había quedado suspendido en el aire, un poco por encima de ella, vibrando como una abeja, al tiempo que le lanzaba, en breves ráfagas, parrafadas inteligibles para quienes estén al tanto de la petulante conducta del petirrojo y de su coraje: «¡Insensata! ¡Tiembla! ¡Soy el petirrojo! ¡El petirrojo en carne y hueso! ¡Un paso más, un ademán hacia el nido donde está incubando mi compañera y, con este pico que ves, te saco los ojos!». Yo permanecía atenta, lista para intervenir, pero la gata sabe que los petirrojos son sagrados; sabe también —ella que tantas cosas sabe…— que un gato se arriesga a quedar en ridículo si tolera el ataque de un pájaro. Azotó el aire con el rabo, como un león, se le estremeció el espinazo, pero capituló ante la airada avecilla y seguimos ambas nuestro paseo vespertino. Paseo lento, grato, fructífero; la gata descubre y yo me instruyo. A decir verdad, hace como que descubre. Clava la mirada en un punto del vacío, se queda quieta y alerta ante lo invisible, la sobresalta un ruido que yo no percibo. Y entonces me toca a mí, e intento inventar lo que la mantiene tan atenta. 7 minutos de lectura
H. P. Lovecraft5. Los Gatos de UltharSe dice que en Ulthar, que se encuentra más allá del río Skai, ningún hombre puede matar a un gato; y ciertamente lo puedo creer mientras contemplo a aquel que descansa ronroneando frente al fuego. Porque el gato es críptico, y cercano a aquellas cosas extrañas que el hombre no puede ver. Es el alma del antiguo Egipto, y el portador de historias de ciudades olvidadas en Meroe y Ophir. Es pariente de los señores de la selva, y heredero de los secretos de la remota y siniestra África. La Esfinge es su prima, y él habla su idioma; pero es más antiguo que la Esfinge y recuerda aquello que ella ha olvidado. 7 minutos de lectura
Jorge Roldán6. Siete vidasAgarré las llaves del auto despacito, como si el más mínimo movimiento en falso fuera a activar una bomba. Mara estaba instalada en el living leyendo un libro. A lo mejor hubiera podido salir sin que ella lo notara, pero Pomelito maulló al verme pasar y ahí me prestó atención. 13 minutos de lectura
Jorge Luis Borges7. A un gatoNo son más silenciosos los espejos ni más furtiva el alba aventurera; eres, bajo la luna, esa pantera que nos es dado divisar de lejos. Por obra indescifrable de un decreto divino, te buscamos vanamente; más remoto que el Ganges y el poniente, tuya es la soledad, tuyo el secreto. Tu lomo condesciende a la morosa caricia de mi mano. Has admitido, desde esa eternidad que ya es olvido, el amor de la mano recelosa. En otro tiempo estás. Eres el dueño de un ámbito cerrado como un sueño. 1 minutos de lectura
Neil Gaiman8. El precioLos nómadas y los vagabundos dejan símbolos en los pilares de los portones, en los árboles y en las puertas para avisar a sus compañeros de la clase de gente que vive en las casas y granjas por las que pasan en el curso de sus viajes. Yo creo que los gatos dejan también sus propios símbolos; ¿cómo se explica, si no, que durante el año aparezcan tantos gatos —hambrientos, llenos de pulgas y abandonados— a la puerta de nuestra casa? 14 minutos de lectura
Edgar Allan Poe9. El gato negroNo espero ni pido que alguien crea en el extraño aunque simple relato que me dispongo a escribir. Loco estaría si lo esperara, cuando mis sentidos rechazan su propia evidencia. Pero no estoy loco y sé muy bien que esto no es un sueño. Mañana voy a morir y quisiera aliviar hoy mi alma. Mi propósito inmediato consiste en poner de manifiesto, simple, sucintamente y sin comentarios, una serie de episodios domésticos. Las consecuencias de esos episodios me han aterrorizado, me han torturado y, por fin, me han destruido. Pero no intentaré explicarlos. Si para mí han sido horribles, para otros resultarán menos espantosos que barrocos. Más adelante, tal vez, aparecerá alguien cuya inteligencia reduzca mis fantasmas a lugares comunes; una inteligencia más serena, más lógica y mucho menos excitable que la mía, capaz de ver en las circunstancias que temerosamente describiré, una vulgar sucesión de causas y efectos naturales. 19 minutos de lectura YouTube
Mark Twain10. El gato de Dick BakerUno de los camaradas que allí tuve, otra víctima de dieciocho años de penosos esfuerzos nunca recompensados y de esperanzas frustradas, era una de las almas más cándidas que nunca hayan cargado pacientemente con su cruz en un agotador exilio; me refiero al serio y sencillo Dick Baker, buscador de oro en el barranco del Caballo Muerto. Tenía cuarenta y seis años, era gris como una rata, adusto, reflexivo, de cultura poco pulida, indumentaria descuidada y siempre estaba sucio de barro; pero su corazón estaba hecho de un metal más noble que todo el oro que su pala hubiera logrado sacar a la luz… más noble incluso que el mejor oro que nunca se haya podido arrancar a la tierra o acuñar. 7 minutos de lectura
Julio Cortázar11. Los gatosA los ocho años, Carlos María estudiaba en su prima las posibilidades de un juego violento y eficaz, que alcanzara para toda la siesta. Marta vacilaba antes de aceptar la parte de jefe sioux, previendo el rollo de soga como un manotazo al pasar bajo el sauce, las ligaduras en los tobillos, el mirar justiciero de Buffalo Bill antes de arrastrarla al tribunal de los hombres blancos. Prefería la mancha, donde batía a su primo menos ágil, o irse a los baldíos a juntar langostas. Carlos María argumentaba hasta convencerla; a veces Marta se oponía de plano, y entonces él la agarraba del pelo y la mechoneaba, mientras Marta se defendía a patadas y alaridos. Mamá Hilaire les cobraba su siesta rota con privación de postres, con un mirar fosco que duraba días enteros. 42 minutos de lectura
Julio Cortázar12. Orientación de los gatosCuando Alana y Osiris me miran no puedo quejarme del menor disimulo, de la menor duplicidad. Me miran de frente, Alana su luz azul y Osiris su rayo verde. También entre ellos se miran así, Alana acariciando el negro lomo de Osiris que alza el hocico del plato de leche y maúlla satisfecho, mujer y gato conociéndose desde planos que se me escapan, que mis caricias no alcanzan a rebasar. Hace tiempo que he renunciado a todo dominio sobre Osiris, somos buenos amigos desde una distancia infranqueable; pero Alana es mi mujer y la distancia entre nosotros es otra, algo que ella no parece sentir pero que se interpone en mi felicidad cuando Alana me mira, cuando me mira de frente igual que Osiris y me sonríe o me habla sin la menor reserva, dándose en cada gesto y cada cosa como se da en el amor, allí donde todo su cuerpo es como sus ojos, una entrega absoluta, una reciprocidad ininterrumpida. 8 minutos de lectura