Alfonso Reyes1. Unidad I. El Mundo y las CosasPara mejor comprensión y apreciación de los textos de la presente unidad es conveniente investigar acerca de la vida y el trabajo de Alfonso Reyes, Martín Luis Guzmán, Salvador Novo, José Alvarado, así como de las máquinas de escribir Underwood y Remington, Paris a principios del siglo veinte, el cubismo, Los contemporáneos, Caruso, Lucrecio, Penélope. Discute la siguiente observación de Alfonso Reyes en torno al ensayo como género literario:Tertulia Literaria• 2 minutos de lectura
José Alvarado2. Las Ciudades y los HombresHay ciudades tristes y aun tiempo bellas; ciudades grises amadas por hombres de alma clara; ciudades sucias que ríen con su miseria. Y horrendas ciudades alegres. También hay hombres con odio a las ciudades. No son campesinos, ni vinieron nunca de aldea o pequeño burgo. Nacieron sobre algún segundo piso; han crecido entre escaleras, sótanos, aparadores y avenidas. Conocieron desde niños olores de mueblería y perfumes de gran almacén de ropa y variedades.Tertulia Literaria• 2 minutos de lectura
Alfonso Reyes3. México en una Nuez (fragmento)La noche del 15 de septiembre de 1810, el Cura del pueblo de Dolores, Miguel Hidalgo y Costilla, convocó a sus feligreses a toque de campana y se lanzó a la lucha contra el régimen español y en pro de la independencia nacional. De aquellos vecinos amotinados, de aquel montón de hombres empujados por una fiebre divina, mal armados con picos y hachas —cada uno como podía y con los instrumentos del azar—, surge el primer gran ejército de la independencia; ejército que llegará a ser formidable, y que sólo se detendrá en el Cerro de las Cruces, ante quién sabe qué fuerzas o qué consideraciones misteriosas y ya a punto de caer sobre la ciudad de México, donde parece que tenía seguro el triunfo. A la majestad de la Historia no siempre conviene el que los grandes conflictos encuentren soluciones fáciles.Tertulia Literaria• 3 minutos de lectura
Martín Luis Guzmán4. Claridad y TinieblasCuando pienso en las semejanzas y contrastes que hacen una la vida mexicana, no es lo típico de México —típico para miradas extranjeras— lo que viene a mi imaginación. Queda entonces en la sombra nuestra masa indígena en bruto, desnuda, miserable, taciturna, y cuanto de ella se deriva y se traduce —aquí entre nosotros, americanos del siglo XX— en colores, escenas y paisajes del Asia Menor anterior a Cristo. Tampoco vuelvo entonces la vista hacia el otro aspecto, elocuente en nuestras grandes ciudades: espectáculo de hermosos edificios contemporáneos, grandes empresas, máquinas de la última hora y, en fin, todo cuanto nuestros ingenuos snobs querrían poner siempre ante la cámara fotográfica de los turistas, en vez de lo que a éstos más atrae: nuestros charros cubiertos con enormes y picudos sombreros de palma o de fieltro; nuestros hombres embozados en mantas multicolores; nuestros niños color de tierra, con desnudos vientrecillos combos y lustrosos; nuestros tianguis y campamentos eternamente improvisados, donde la inmundicia y los manjares se confunden…Tertulia Literaria• 16 minutos de lectura