Hay ciudades tristes y aun tiempo bellas; ciudades grises amadas por hombres de alma clara; ciudades sucias que ríen con su miseria. Y horrendas ciudades alegres. También hay hombres con odio a las ciudades. No son campesinos, ni vinieron nunca de aldea o pequeño burgo. Nacieron sobre algún segundo piso; han crecido entre escaleras, sótanos, aparadores y avenidas. Conocieron desde niños olores de mueblería y perfumes de gran almacén de ropa y variedades.