Roberto Fontanarrosa1. Te digo másTe conté la del Gordo Luis cuando hizo de Papá Noel? Es mundial la del Gordo Luis cuando hizo de Papá Noel. Casi se convierte en otra víctima del imperialismo salvaje el pobre Gordo. Del colonialismo, por decirlo de otra manera. Porque, decime vos, qué carajo tiene que ver con nosotros y con nuestras costumbres el Papá Noel. ¿Quién le dio chapa al Papá Noel? Un tipo vestido para la nieve, abrigado como para ir a la Antártida, en un trineo tirado por renos. ¡Renos, mi querido! ¿Cuándo mierda hemos visto un reno nosotros? ¿Alguna vez te fuiste a Buenos Aires en auto y viste al costado del camino un reno morfando pasto debajo de un árbol?Curaduría• 14 minutos de lectura YouTube
O. Henry2. El regalo de los Reyes MagosUn dólar y ochenta y siete centavos. Eso era todo. Y setenta centavos estaban en céntimos. Céntimos ahorrados, uno por uno, discutiendo con el almacenero y el verdulero y el carnicero hasta que las mejillas de uno se ponían rojas de vergüenza ante la silenciosa acusación de avaricia que implicaba un regateo tan obstinado. Delia los contó tres veces. Un dólar y ochenta y siete centavos. Y al día siguiente era Navidad.Curaduría• 11 minutos de lectura YouTube
Charles Dickens3. El significado de la Navidad a través de los añosHubo un tiempo, para la mayoría de nosotros, en que el día de Navidad, que rodeaba todo nuestro mundo limitado como un anillo mágico, no nos dejaba nada que perder o buscar; unimos todos nuestros goces, afectos y esperanzas hogareños; agrupó todo y a todos alrededor del fuego navideño; e hizo que la pequeña imagen que brillaba en nuestros brillantes ojos jóvenes estuviera completa.Curaduría• 10 minutos de lectura
Norma Lazo4. La tarjeta postalLa tarjeta postal llegó una mañana invernal del 14 de enero. Iba dirigida a Eloísa Laffitte, anterior inquilino del departamento 3-C del edificio marcado con el número 238 de la calle Eugenio Sue. La tarjeta postal resaltaba en el buzón de correspondencia porque lucía un toque antiguo: dos niños rubios, de mejillas abultadas y sonrosadas, señalaban hacia el cielo, a través de una ventana escarchada con nieve, a un trineo que cabalgaba a la estrella más grande y brillante de todas. Al lado de los niños sobresalía un árbol de navidad cargado de esferas y moños rojos.Curaduría• 7 minutos de lectura
Kjell Askildsen5. El precio de la amistadHabía aceptado porque ya en dos ocasiones le había puesto una excusa. En tiempos éramos amigos íntimos, hace muchos años, y nunca nos peleamos, simplemente el tiempo y la distancia alejaron los motivos para mantener el contacto.Curaduría• 5 minutos de lectura YouTube
Lydia Davis6. Propósitos para el año nuevoLe pregunto a mi amigo Bob cuáles son sus propósitos para el año nuevo y, encogiéndose de hombros (como queriendo decir que son los típicos o que no son nada del otro mundo), me responde que beber menos, perder unos kilitos… Luego me pregunta lo mismo a mí, pero aún no estoy preparada para responderle. Durante las vacaciones he vuelto a estudiar zen, por pura desesperación, aunque tampoco era una desesperación muy intensa. Da lo mismo una medalla que un tomate pocho, dice el libro que he estado leyendo. Tras pasar unos cuantos días dándole vueltas, creo que la respuesta más sincera a la pregunta de mi amigo Bob sería: Mi propósito para el año nuevo es aprender a verme a mí misma como si no fuera nada. ¿Estaré siendo competitiva? Bob queriendo perder unos kilos y yo queriendo aprender a verme como si no fuera nada… Ni que decir tiene que ser competitivo está fuera de lugar en cualquier filosofía budista. Una nada auténtica no es competitiva. Pero cuando lo digo no siento que esté siendo competitiva. En esos momentos me siento muy humilde, O por lo menos me parece estar siéndolo, aunque ¿puede alguien ser verdaderamente humilde desde el momento en que dice querer aprender a ser “nada”? Pero hay otro problema del cual llevo semanas queriéndole hablar a Bob: llega un momento, en la mitad de la vida, en que por fin eres lo bastante inteligente para darte cuenta de que todo es insignificante, de que ni siquiera el éxito significa nada. Sin embargo, para empezar, ¿cómo aprende una persona a verse a sí misma como si no fuera nada después de todo lo que le ha costado aprender a verse como si fuera algo? Vaya lío. Te pasas la primera mitad de la vida aprendiendo que, después de todo, eres algo, y ahora tienes que pasarte la segunda mitad aprendiendo a verte como si no fueras nada. Has sido una nada negativa y ahora lo que tienes que ser es una nada positiva. Ya me he puesto con ello, en estos primeros días del nuevo año, pero por ahora me resulta bastante difícil. Por las mañanas me acerco bastante a la nada, pero hacia el final de la tarde, esa parte de mí que es algo empieza a manifestarse. Esto sucede muchos días. Por las noches ya estoy rebosante de algo, un algo que suele ser desagradable y avasallador. Así que, llegado este punto, lo que pienso es que estoy siendo demasiado ambiciosa, y que tal vez «nada» sea mucho para empezar. Quizá de momento solo debería tratar de ser cada día un poquito menos de lo que normalmente soy.Curaduría• 3 minutos de lectura