Saltar al contenido principal
Logo de 'La Cuentoneta'La Cuentoneta

Creaciones de Navidad

Error 404

6. El Hijo del Carnicero

Había llegado la nieve al fin. El frio se colaba por mis huesos y escapa por mi boca. Los fríos vientos del norte derriban los males y acercan a las familias. Y hace falta, es necesario cuando la hambruna ataca. Los cultivos mueren y los graneros se vacían, poco a poco, pero constante. Los animales sufren también, caen por montones. Pero por suerte, y perdón por decirlo de este modo, las enfermedades también se alzan y pululan entre las calles. Desde el resfriado más leve hasta la tisis más fuerte debe ser tratada por nosotros: los médicos. En medio del desfile de sombras nocturnas los laudes, panderetas y flautas suenan anunciando nuestra llegada. Pasos firmes, máscaras extrañas y sombreros de copa de adornan a cada médico. Yo soy un doctor domiciliar, voy a las casas de los enfermos que ya no pueden moverse, que apenas pueden respirar, a los que la vida se les escapa en cada latido de su débil corazón. Al principio es difícil ver a los familiares llorar, maldecir y al enfermo morir; pero uno se termina acostumbrando. Esa Navidad me encargaron la casa del carnicero, ya que su pequeño hijo de 8 ha enfermado de una fuerte gripa, con calambres y malestar. Me dirigí a la casa, ya adornada para la festividad. Los cerdos estaban flacos y desgastados. Algunos dormían, pero estaba seguro de que había uno muerto. Toqué la puerta solamente. Pasados pocos minutos un hombre alto y fornido me abrió, tenía rumores de sangre seca manchando su delantal blanco. Llevaba una cornamenta puesta, parecía hecha de madera barata.

5 minutos de lectura