El abogado siempre solía pasar las Navidades en Nueva York. No celebraba una mierda, pero aprovechaba todas las ofertas del Black Friday y también iba a Wall Street a aprovechar los negocios financieros. Para él la Navidad era una festividad para la gente de clase alta, que se permitía a sí misma explotar todos los recursos y lujos que tenían, disfrutando del mundo capitalista en el que vivían.