El olor a gato venía caminando hacia él por la vereda mojada. O tal vez no caminaba sino que permanecía inmóvil y suficiente, por lo menos a cierta distancia, como la marquesina de un teatro o el palio de una iglesia por donde salen los novios: un tinglado intangible de olor a pis de gato. Fosfuros. Amoníaco. Algalia. En el umbral el plato con pedacitos de hígado cortado. Algún día me agacharé y lo comeré.