Estoy acá, frente al espejo, esperando a que Eddie aparezca. Eddie es genial. Eddie es magnífico. Eddie es asombroso. No hay nadie como Eddie. Eddie viene cuando estoy solo, porque quiere ser mi mejor amigo. Mi único amigo. Eso me dijo una vez. Podemos ser amigos, dijo. Pero tuyo y de nadie más. Me parece perfecto, Eddie, le respondí. Y él sonrió y su sonrisa era blanca como la leche. Eddie tiene pantalones cortos, camisa, corbata y el pelo blanco. Yo hablo con él a la tarde, cuando mamá va a la misa de las siete y la casa queda a oscuras. Me paro frente al espejo del ropero y lo llamo. Eddie, vení. Y él se acerca al espejo caminando raro.