Hace más de setecientos años, en Dan-no-ura, en los estrechos de Shimonoseki, se libró la última batalla en la larga lucha entre los Heike, o clan Taira, y los Genji, o clan Minamoto. Fue ahí donde los Heike fueron aniquilados, con sus mujeres y niños y su emperador niño–hoy recordado como Antoku Tenno. Y el mar y la orilla llevan setecientos años hechizados... En otra historia os hablé ya de los extraños cangrejos que se encuentran allí, llamados cangrejos Heike, que tienen caras humanas en sus dorsos y se dice que son espíritus de guerreros Heike. [1] Pero hay muchas cosas extrañas que ver y oír a lo largo de esa costa. En noches oscuras miles de fuegos fatuos flotan sobre la playa, o revolotean sobre las olas–luces pálidas que los pescadores llaman Oni-bi, o fuegos endemoniados, y, siempre que se levantan los vientos, se oye un griterío que surge del mar, como el clamor de una batalla.