Pues sí, a mí esto me gusta, y no veo por qué habría de mudarme. El vertedero es mi hogar desde hace casi veinte años, y no creo que ninguna ley rimbombante del servicio municipal de higiene haya de obligarme a recoger mis cosas e irme a otra parte. Si voy a trabajar aquí, debería poder vivir aquí.