El Café para esas horas se llenaba de gente. Lo esperaba con impaciencia, nerviosa, rozando el borde circular del vaso al que me aferraba, de un lado a otro, suave e insistentemente con un dedo. Los cuadros colgados por todos lados en las paredes me distraían de tanto en tanto, y soltaban para mí mensajes hacia la otra orilla, a la mía, a mi propia dimensión.