Así como cada flor se marchita
y la juventud se hunde en la vejez,
así el diseño de cada vida, cada flor de sabiduría,
alcanza su plenitud y no puede durar para siempre.
El corazón debe someterse con valentía
al llamado de la vida sin una pizca de dolor.
Una magia reside en cada comienzo,
protegiéndonos, diciéndonos cómo vivir.