Como todas las mañanas, Juan Carlos Gamarra despierta a la dicha, entre los brazos de Silvia, su mujer, que despierta junto con él, contentos, saciados los dos por el último telesueño: Juan Carlos fue el héroe de una cacería prehistórica, su lanza dio el golpe final al gigantesco mamut, la sangre hirviente lo bañó, en la orgía que siguió las muchachas de la tribu se disputaron sus favores; por su lado Silvia navegó en un galeón español, los piratas atacaron y masacraron a la tripulación, Silvia quedó a merced de la horda embravecida, terminaron haciéndola reina del corsario bergantín.