No hace mucho tuve ocasión de hablar con uno de nuestros escritores (un gran artista) sobre la vis cómica en la vida y la dificultad de determinar el fenómeno y denominarlo con la palabra exacta. Precisamente por ello, le señalé que hacía cuarenta años que había leído El mal de la razón, y que solo este año había comprendido debidamente a uno de los tipos más claros de esa comedia: a Molchalin, y lo comprendí exactamente cuando él, es decir, el escritor con el que departía, me explicó la personalidad de Molchalin al revelar uno de sus rasgos más satíricos. (Sobre Molchalin aún tendré ocasión de hablar, por ser un tema admirable).