Quiero bajarme del tranvía, pero no me atrevo. Sé que ya estamos cerca porque comienzo a ver las barrancas llenas de piedras. Las casas del barrio de Adelfa parecen hechas de lodo y rocas. No hay vidrios en las ventanas ni tejas en los techos. Los perros que nos persiguen llevan los hocicos muy abiertos, repletos de dientes quebrados y churros de tierra.