Cuando Emilio Careaga vio por primera vez a Mercedes Padierna pensó que algo no andaba bien, que un ser tan maravillosamente bello no debía andar por allí con toda esa forma de mujer arriba suyo con el solo propósito de hacerlo sufrir, de hacerle sentir que él era tan irremediablemente lejano a ella, que ella era tan absoludamente imposible para él.