Asencio acomoda la pistola automática en la funda de cuero, bajo el sobaco izquierdo, luego se pone una campera liviana, de tela impermeable y sale del departamento. Una vez que cierra la puerta, con dos vueltas de llave, piensa que deberá recorrer el pasillo silencioso, pisar la alfombra gastada y sucia, detenerse frente a la reja del ascensor, oprimir con el dedo índice de la mano derecha (¿o la izquierda?) el botón de acrílico negro a los fines de aproximar la caja de metal, que habrá de transportarlo hacia las profundidades del edificio.