El pibe hace un buen tiempo –uno, dos años– que vive por inercia, ya tiene más de una gillette ensangrentada en su haber y más de una vez le debió la vida a ese vendedor ambulante que le vendió una caja de curitas, que cada tanto pone coto a su impaciencia. Ocurre que la vida le ha dado un par de golpes duros y el pobre se quebró.