Una familia tipo (el papá, la mamá y el nene de seis años) decidió pasar un fin de semana largo en una isla del Tigre. El hijo era un buen chico, muy solitario, hijo único (ya esto predispone a la soledad eterna), el regalón de sus padres, el mimado y sobreprotegido. Luego del almuerzo salió a caminar por la isla medio aburrido. De pronto encontró un perrito. Uno muy singular, ya que no ladraba ni movía la cola. Simplemente lo miraba. Pero su principal rareza era física. Tenía la trompita un poco más aguzada, más fina y larga de lo que suelen tener esos animales; cola casi pelada, tal vez debido a una enfermedad. El niño le ofreció una golosina que el otro comió con avidez. Demostró buena disposición para seguirlo, por lo cual lo condujo a la casa.