Hace cinco años, estando yo muy enferma —dijo— tenía el mismo sueño todas las noches. Soñaba que caminaba por el campo y desde lejos podía ver una casa blanca, baja y larga, rodeada por una arboleda de tilos. A la izquierda de la casa, un prado bordeado de álamos rompía agradablemente la simetría del paisaje y las copas de estos árboles que podían verse tan solo a distancia, se agitaban por encima de los tilos.